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Reflexiones desordenadas que buscan establecer nexos con nuevas personas.

Mi primer día en el Javeriano

13 años después...

Estudiaba en un colegio pequeño en el que había estado desde el inicio de mi vida escolar. Estaba acostumbrado a cursos de 10 personas, y a un ambiente camprestre, a sólo unos pocos minutos de mi casa.

Decidí cambiar de colegio por varias razones. Las cosas allí habían cambiado mucho y ya no me sentía comodo con la gente que compartía. Sólo contaba con un amigo (el que conservo hasta hoy) y la situación se me antojaba cada vez más hostil. Necesitaba un nuevo aire.

Me animé a entrar al colegio de los Jesuítas (en muy buena parte animado por mi mamá): el San Francisco Javier "Javeriano". Aunque en un principio el rector se negaba a recibirme (era muy joven para el curso al que aspiraba a entrar) al final se decidió a darme la oportunidad de estudiar en su colegio.

Aún hoy cuando entro al Javeriano, recuerdo con fuerza mi primer día allí. Tan asustado entre tanta gente desconocida Tan inseguro frente a esa construcción antigua, imponente y casi arrogante...

Los primeros días, los "nuevos" estuvimos solos en el colegio, en una especie de curso de inducción en el que casi fracaso. Quería regresar a mi antiguo colegio. Un día me sentí tan mal, que hasta vomité y se me vino la sangre por la nariz al tiempo.

Luego llegó la avalancha. Aparecieron, tras una semana de mi primer día allí, los mil estudiantes del colegio. Fue un duro primer mes. ¡Estaba tan asustado!.

Un amigo era mi único apoyo. Un Padre ya entrado en años que se ocupó de hacer que mi estadía en el Javeriano fuera más chevere. Una especie de "Abuelito" al que hasta hoy aprecio, pues supo apoyarme y a la vez exigirme en los momentos adecuados. Un sujeto maravilloso.

Luego, no se exactamente en que momento, yo ya era parte de este nuevo escenario. Empecé a sentir el que antes era un lugar hostil como mi casa. Empecé a querer sus canchas, sus arcos, sus viejos muros, sus escaleras traqueantes y hasta el puñado de hierba que nació en una esquina del antiquísimo edificio citadino (al que algún compañero irónico le llamó Zona Verde).

Durante cuatro años el Javeriano fue mi sitio. Fue mi espacio vital. El espacio dónde compartí con grandes amigos y dónde aprendí (y sufrí) varias materias. Incluso hoy, nueve años depués de graduarme, soy feliz volviéndo en recuerdos a esos patios que tanto temía.

Es increible cuanto puede llegar a querer uno, las cosas que algún día le generaron tanto miedo.

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Comentarios

  1. "Es increible cuanto puede llegar a querer uno, las cosas que algún día le generaron tanto miedo."

    Bueno mi llegada al colegio en el que estuve durante trece años no fue tan traumatica como lo fue para mi mami quien lloraba mientras yo le decia que se fuera que tranquila que mas tarde yo iria para la casa, me sentia tan feliz mi colegio era mas grande y con menos pasto alergizante que mi anterior colegio, yo estudie todo el tiempo bajo un regimen ultraconservador lo cual creo que influyo para que yo fuera tan ultraliberal y hasta libre pensadora; pero cuando recuerdo mi colegio siento mucha nostalgia y alegria por todas aquellas cosas que estas monjas cultivaron en mi.
    Gracias por tu blog!

    Comentario de Mensajera28 hace 4 años y 54 meses


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